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Presentación
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De niño vendía a mis hermanos en casa un periódico que hacía yo mismo conteniendo, entre otras interesantes noticias, qué había para cenar. En el colegio dirigí varios periódicos escolares, uno con el título Icaro. Como monitor en una colonia de vacaciones en Francia fundé el periódico mural Le Petit Canard. En las milicias hice una revista con el título de Robledo. ¿A qué me podía dedicar? "A cualquier cosa menos al periodismo, que es profesión de golfos y no da dinero", clamó mi padre, que cuando yo era niño compaginaba de forma casi circense su profesión militar con la de editor de dos revistas (El Balón y Cicerone), la gestión de una pequeña imprenta y la de una cafetería. Como no quería ser militar ni dedicarme a la hostelería y adoraba profundamente a mi padre, me matriculé en Filosofía y Letras, para contentarle, pero enseguida comencé a compaginar esos estudios con los de Periodismo, en la entonces Escuela Oficial albergada en el edificio del Ministerio de Información y Turismo. Han pasado muchos años desde entonces y los últimos 25 los he dedicado a las revistas, mi pasión, mi tormento, mi ilusión. Seguro que he robado a mi familia atenciones y le he dado preocupaciones fuera de toda lógica por la implicación que he tenido con mi trabajo. Por eso le dedico este libro, especialmente a mi esposa Marian que, además de paciente y comprensiva, me ha ayudado siempre con su incomparable intuición en infinitas ocasiones a equivocarme menos. Texto: Juan Caño |
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"Han pasado muchos años desde entonces y los últimos 25 los he dedicado a las revistas, mi pasión, mi tormento, mi ilusión." |
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